Friday, January 25, 2008
Todo queda en familia
La sangre caliente manchaba su vestido dorado y goteaba sobre la nieve recién caida. Mi primo Alexander me sonrió en la oscuridad del jardín. Tendría que haberme sentido asustada por el brillo en sus ojos negros o el orgullo que dejaba traslucir su rostro pálido. En la mansión se escuchaban música y risas, nadie más se había dado cuenta de la desaparición de Alexander o de la rubia del vestido dorado. Fingí que no sucedía nada a pesar de que el cuerpo de la chica se enfriaba por momentos.
- Te dejaste tus cigarrillos – dije ofreciéndole el paquete que me había servido de excusa para abandonar la fiesta.
Alexander entonces pareció relajarse. Apartó la nieve del banco de piedra junto al cuerpo de la chica y se sentó. Después encendió un cigarrillo y dio una calada honda.
- No podía soportarla. Tanto lloro y tanta pataleta. – dio otra clada nerviosa y me miró desafiándole a contradecirle.
Miré a la chica, su pelo rubio rodeba su rostor dulce manchado por el maquillaje que había corrido las lágrimas. Había sido la cita de mi hermano aquella noche. La había visto colgada de su brazo con sus ojos castaño brillantes por la ilusión. Probablemente había creído que podía cambiarle y llevarle por el buen camino. Inocente. La había usado y la había dejado, como a las otras. Pero eso no explicaba cómo había acabado allí, con una herida profunda en su pecho.
Alexander palmeó el banco de piedra para que le acompañase. Aunque había quitado la nieve aún estaba frío. Me estremecí ligeramente al contacto con la piedra fría pero me quedé sentada, con los ojos fijos en la mancha del vastido. Alexander me ofreció un cigarrillo y yo negueé con la cabeza sin apartar la vista de la chica.
- Prefiero beber – dije mostrando una botella de champagne.
Alexander se encogió de hombros, parecía de buen humor. Sonreí debilmente sin saber qué hacer. La herida de la chica rubia estaba sobre el corazón, justo encima del escote del vestido dorado del que había estado tan orgullosa. Recordé como nos había contado que había tenido que trabajar durante un mes para comprarlo mientras que Charlie y yo la mirabamos con condescendencia. Para nosotras, conseguir nuestros vestidos de noche sólo había supuesto una tarde de risas y compras en la que bromeabamos sobre cómo Charlie dejaría a todos sin aliento con su vestido rojo. No sé porqué motivo absurdo pensé que, si el vestido de la rubia fuera rojo, se notaría menos la sangre.
Di un trago a la botella y se la pasé a Alexander sin mirarle. Hacía mucho frío y, pese al abrigo, temblaba ligeramente. Aún así, prefería el silencio y la calma del jardín al calor asfixiante y el jaleo de la casa. Si no hubiera sido por el cadáver habría sido agradable. Alexander dio un trago de la botella y me la devolvió.
- Tendrías que haber traído whisky, con esto no podemos emborracharnos.
Le miré de reojo con cierta curiosidad morbosa, no parecía importarle lo más mínimo la chica a la que había amtado o que alguien pudiera ver el cadáver. Dí otro trago de la botella y la dejé sobre el banco de piedra.
- ¿Qué hace aquí?
Pregunté aún aún aturdida. Alexander no pareció tomarselo mal, dio una calada y miró sin mucho interés a la chica, la sangre y la nieve sucia.
- Charlie me la echó encima para que la consolara.
Levanté una ceja, a mi prima nunca le habían importado los ligues descartados de Logan. A mi tampoco, después de todo mi hermano siempre se había protado bien conmigo, era cariñoso y protector ¿Qué me importaba qué solo saliera con ellas por el sexo? ¿Nos convertía eso en responsables de lo que le había pasado a la chica? Me mordí el labio y mire a mi primo.
- Lo sé, creo que sólo quería librarse de mi un rato – comentó Alexander mientras tiraba la colilla de su cigarro al suelo, junto al cadáver.
Yo le miré algo confusa, seguía sin terminad de entender lo que había pasado. Aprenté el abrigo contra mi cuerpo, mi aliento se escapaba en pequeñas nubes de vaho.
- ¿Pero por qué no se fue?
- No lo sé, se puso histérica
Alexander encendió otro cigarrillo. Yo dí otro trago de champagne, la botella estaba ya por la mitad.
- ¿Histérica?
Alexander asintió con la cabeza y dejo escapar el humo del cigarro despacio, con expresión reflexiba en sus ojos oscuros.
- Decía que Logan se había aprovechado de ella, que la había engañado para que se acostase con él y no sé que mierdas más. - Alexander miró de reojo a la chica y dio otra calada aspirando con intensidad. – Le dije que qué esperaba, que no pertenecía a nuestro nivel social. Estaba claro desde un principio que sólo la quería para divertirse.
Asentí despacio y de forma maquinal. Sabía perfectamente a qué se refería mi primo. Todos lo sabíamos cuando nos la presentó y todos la habíamos tratado con la misma cortesía indiferente y distante. No era uno de nosotros y nunca lo sería, no importaba cuanto se hubiera esforzado para conseguir aquel vestido dorado que no desentonase con el rojo de Charlie.
- ¿Y no se fue?
- No, se puso hecha una fiera y me atacó – Alexander mostró unos arañazos en su cuello – Luego todo se complicó. Yo sólo quería asustarla y que me dejara en paz. Fue un accidente.
Alexander dio una calada al cigarrillo y soltó el humo con la misma lentitud de antes. Yo miré el rostro dulce de la chica enmarcado por sus rizos rubios. Recordé el brillo en los ojos de Alexander y su expresión de orgullo cuando le había encontrado. Un escalofrío recorrío mi espalda, estaba temblando. Él se quitó el abrigo y lo puso sobre mis hombros. Le sonreí debilmente.
- Sólo… solo ha sido una ccidente – mentí.
Tragué saliva y miré de reojo las luces de la mansión donde seguían escuchandose música y risas, nadie se había dado cuenta aún.
- Nadie… nadie va a echarla de menos.
- No – Alexander pasó su brazo sobre mis hombros para darme calor – Nadie lo hará. Sólo tenemos que evitar que la vena – susurró en mi oído.
Dejé que me abrazase y apoyé la cabeza en su pecho, con la vista fija en la macha de sangre del vestido dorado. Alexander era mi primo y ella… ni siquiera sabía su nombre. Logan nos la había presentado pero yo no había prestadoa tención y la había llamado querida como con todas las otras. Luego Charlie y yo nos habíamos reido de ella en los baños, por tener que trabajar para comprarse un simple vestido.
Cerré los ojos para no ver su rostro dulce enmarcado por los rizos rubios. Ya no podía hacer nada por ella. Pero sí podía hacer algo por mi primo, mi familia. Había sido solo un error, un terrible error y si se sabía tendría que pagar por ello durante toda su vida. Respiré hondo y abrí los ojos.
- James se encargará de todo, él sabrá que hacer.
Alexander me miró inseguro, estaba claro que no le gustaba la idea de implicar a más gente. Acaricié su mejilla con suavidad para tranquilizarle. Sabía que James era de fiar. Como secretario de mi padre debía hacer cosas más que cuestionables sin preguntar. Me conocía desde que era una niña, era como de la familia…
- No te preocupes, todo queda en familia.
- Si – Alexander sonrió – Todo queda en familia.
Posted by
V_Vendeta
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12:09 PM
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