Retratos
Personajes: Drew Blacksmith
Nick: V_Vendeta / Drew Blacksmith
Notas: Esta es la historia que escribí para el personaje antes de empezar a jugar. Se agradecen la críticas y comentarios.
Personajes: Drew Blacksmith
Nick: V_Vendeta / Drew Blacksmith
Notas: Esta es la historia que escribí para el personaje antes de empezar a jugar. Se agradecen la críticas y comentarios.
La casa estaba fría y silenciosa. Los muebles seguían cubiertos por sábanas blancas que los protegían del polvo y no había ninguna luz. Ella era la primera en pisar la vieja mansión en meses. Su padre no llegaría hasta dentro de dos días y su madre… su madre tal vez no regresara nunca. Drew señaló con la varita la chimenea y esta se llenó de llamas que iluminaron el salón.
Cansada por el viaje, se dejó caer sobre una butaca de respaldo alto sin molestarse siquiera en apartar la sábana. Su palidez y rasgos delicados le daban el aspecto de una muñeca de porcelana que alguien hubiera dejado olvidada. Había dejado el enorme baúl con la ropa y libros de la escuela en la entrada. Sabía que, aunque no pudiera verlo, el elfo doméstico se encargaría de subirlo a la habitación. Había sido así desde que podía recordar, a su padre no le gustaba la compañía de los sirvientes, aunque a Drew no le habría molestado en aquel momento.
Como cada verano, regresar de la escuela le producía una sensación de vacío. Drew miró hipnotizada las llamas perdida en los recuerdos. No se sentía en casa allí, ya no, pero no siempre había sido así. Habían tenido días felices y la casa había estado llena de vida. Era fácil cerrar los ojos e imaginar que su hermano Logan iba a entrar en cualquier momento a la carrera o que su madre vendría para sentarse frente al piano y tocar.
Pero todo seguía en silencio y ella seguía sola, dejando pasar el tiempo con la vista fija en las llamas, esperando que, tal vez, alguien viniese de visita y saliese de ellas.
No estaba segura de cuanto tiempo había permanecido allí, pero al final se levantó. Drew apuntó con la varita el candelabro, apartó el paño que lo cubría y susurró un conjuro que encendiera las tres velas blancas. Después fue hacia la biblioteca. Leer era un buen modo de evadirse. Mientras recorría las páginas de libros viejos y nuevos podía olvidarse del presente. Era fácil concentrarse en aprender nuevos conjuros. La magia, a diferencia del resto de su vida, era algo que si podía controlar.
Mucho más tarde, cuando las velas estaban casi consumidas, apartó a un lado un pesado tomo sobre contra-maldiciones y se restregó los ojos cansados. Una vez más había fallado, aunque eso no era nada nuevo. No era la primera vez que leía y releía aquellos tomos en busca de algo que pudiera ayudar a su madre, pero no había nada nuevo en aquellas palabras que casi podía recitar de memoria. No le importaba, se negaba a rendirse y perder la esperanza.
Miró dubitativa los estantes elevados de una de las estanterías, intentando decidir si comenzar otro libro más antes de irse a dormir, pero finalmente, las protestas de su estómago y el cansancio hicieron que desistiese.
Tomó de nuevo el candelabro y caminó por los pasillos vacíos ignorando las miradas escrutadoras de los cuadros. También ellos callaban, como si temieran romper el silencio. El comedor estaba iluminado. Stu, el elfo, se había asegurado que los candelabros tuvieran velas nuevas y que estas se encendiesen nada más llegar ella. Aún así, Drew ni siquiera pudo atisbar su sombra. Habría deseado no tener que cenar sola.
Se sentó frente al único plato. El mantel era nuevo, pero todo lo demás era igual y le resultaba extraño estar ahí, sin Logan, ni su madre. Frente a ella, había colocada una bandeja de plata, con un pavo asado, demasiado grande para ella, primorosamente decorado. Aquella era la comida favorita de Logan y no pudo evitar pensar en él. Echaba mucho de menos tener un hermano mayor al que acudir en busca de ayuda o consuelo. Drew probó con desgana la comida, intentando no pensar en Logan.
Finalmente apartó la comida. En ese momento, el plato y la bandeja desaparecieron, dejando en su lugar otra bandeja rectangular con un sobre sellado y un abrecartas en ella. Drew se quedo mirando la carta, tenía su nombre escrito en una letra alargada y de trazos firmes, era la letra de su padre. Cogió la carta y la observó, dando vueltas al sobre. Volvió a dejar la carta cerrada sobre la bandeja y se levantó de la mesa. Entonces escuchó la voz de su padre proveniente de su retrato y sus ojos fueron de ahí a la pared, donde la pintura más clara delataba que antes había un retrato ahí.
Drew agachó la cabeza ante la reprimenda y se sentó de nuevo frente a la carta. Cogió el abre cartas y abrió con cuidado el sobre para sacar un papel doblado cuidadosamente y con un ligero olor al tabaco de pipa que tanto le gustaba a su padre. Drew cerró los ojos durante un segundo y después cogió su varita y murmuró la palabra que hacía visible la tinta.
“Querida Drew,
Siento no haber podido ir a recogerte, espero que hayas llegado bien. Sé que te prometí estar ahí el domingo, pero me ha surgido un asunto de trabajo y me va a ser imposible llegar antes del martes. Pasaré toda la semana en Alemania para cerrar un acuerdo y estaré muy ocupado, pero he arreglado las cosas para que continúes con las clases de piano y un tutor te dé clases este verano.
Con amor
Logan Blacksmith”
Se quedó con la mirada perdida unos instantes. Dobló de nuevo la carta y la devolvió al sobre. Un tutor particular, pensó Drew y miró otra vez la marca del retrato ausente. Después miró de nuevo al sobre, valorando lo que aquello significaba. Drew suspiró, el gran orgullo y la gran decepción de su padre, pensó Drew, mirando la pared desnuda. Pero ella no podía pensar en él de ese modo, ella seguía recordándolo como había sido cuando eran pequeños, cuando la contaba historias y la protegía de los bogan, su hermano mayor. No quería pensar en lo que pasó, Drew cerró los ojos y apretó los puños hasta que controló las ganas de llorar. Respiró hondo y dejó la carta que arrugada sobre la bandeja. Después miró el retrato de su madre y se obligó a pensar en ella como había sido entonces. La echaba mucho de menos, pero ahora tenía que ser fuerte.
Drew se levantó y dio la espalda al retrato de su padre. Después, caminó hasta la repisa de la chimenea y se detuvo delante del retrato de familia que habían hecho cuando ella tenía ocho años y Logan doce. También ahí habían borrado su imagen. Drew sonrió con amargura al ver a una versión más joven de ella misma intentando en vano ocupar el espacio vacío. La intención de su padre era clara, pero, al igual que en el cuadro, ella no podía ocupar ese lugar vacío. ¿Cuánto tiempo tardaría su padre en darse cuenta de aquello?
Drew regresó hasta la mesa y cogió el candelabro, las velas se habían reducido a la mitad. Con un gesto de su varita hizo que el resto de las luces del comedor se apagaran y salió de allí. En los pasillos, fue más consciente que nunca de las miradas de los retratos. Ahora ella era la única que recorría aquellos pasillos y se sentía como una intrusa perturbando el silencio con sus pasos.
Por fin llegó a su cuarto. Todo estaba como lo había dejado, todo salvo una cosa, sobre su mesilla estaban las fotografías de su padre y su madre, pero el retrato de su hermano ya no estaba.
Drew fue hasta el arcón del colegió y lo abrió. Con cuidado sacó los libros y la ropa del colegió. Después comprobó que no había nadie y abrió un doble fondo. Seguía ahí, los cuatro felices alrededor de la tarta. Parecía una eternidad desde entonces, pero hacía poco más de un año. Desde entonces nada parecía tener sentido. No podía creerlo, su hermano, el mismo que siempre la había cuidado, era uno de ellos. Se negaba a creer que él era el responsable del estado de su madre. Drew tembló y cerró los ojos con la foto abrazada al pecho. Las lágrimas se escaparon entre sus pestañas.
Volvió a mirar aquella foto que parecía ahora tan lejana y a su hermano sonriendo en ella. Mirarlo le producía sentimientos enfrentados, como si se tratara de dos personas diferentes, y dolor, mucho dolor. Pero aún así se negaba a borrarlo de su vida y a olvidar, porque hacerlo significaría renunciar también a todo lo bueno. Apretó con fuerza la foto de los cuatro contra el pecho antes de devolverla a su escondite y ocultar el doble fondo bajo sus cosas. Después, se limpió las lágrimas con la manga de la túnica y se desnudó para acostarse. La cera de las velas rebosaba del candelabro cuando Drew las apagó y se metió en la gran cama. Antes de dormir, Drew miró una última vez la foto de su madre en la oscuridad y se prometió que no se rendiría, iba a recuperar su familia como fuera…
Un grito agudo la sacó de un sueño intranquilo. Aún medio dormida su mano apretó la suave madera de sauce de su varita bajo la almohada. Drew contuvo la respiración y se quedó completamente inmóvil, escuchando. Los viejos tablones del techo crujieron. Drew se puso tensa, Stu vivía en el ático, pero nunca le había oído antes. Los tablones volvieron a crujir.
Despacio Drew apartó las sabanas y se sentó al borde de la cama. Luego, fue de puntillas hasta la puerta ignorando el frío suelo. Los crujidos del techo seguían escuchándose, Drew tenía los nudillos blancos de apretar la varita. Con mucho cuidado para no hacer ruido empujó la puerta de su cuarto y miró por la rendija. El pasillo estaba completamente a oscuras. A lo lejos podían escucharse los sonoros ronquidos del cuadro del abuelo Oscar.
Drew respiró hondo antes de abrir la puerta. Sabía que las escaleras al ático estaban al final del pasillo y comenzó a recorrerlo a oscuras, tanteando el camino con su mano derecha mientras que con la izquierda sujetaba la varita por delante de ella.
Llegó hasta el pie de la estrecha escalera que subía al ático y subió ayudándose con las manos. Entonces escuchó una voz. Drew se detuvo a mitad de la escalera. Aquella voz arrogante le recordaba a Logan, pero no podía ser, se suponía que su hermano estaba en Azkaban. Drew sintió un escalofrío por la espalda. Subió los escalones que quedaban hasta la trampilla del ático, una ligera corriente de aire se colaba por las rendijas entre los tablones.
Al otro lado de la trampilla se escuchó un lloriqueo seguido de un golpe. Drew tragó saliva y apretó su varita hasta que los nudillos se pusieron blancos. Entonces, levantó la trampilla unos centímetros para echar un vistazo.
El ático estaba en penumbra, iluminado solo por la luz de una vela. La ventana estaba abierta y el aire hacía que la frágil luz de la vela temblase amenazando con apagarse. Unas mantas descoloridas, una escoba y los restos de la cena señalaban el lugar donde solía dormir Stu. Junto a ellos, una figura esquelética sujetaba al elfo tapándole la boca y de espaldas a ella. Stu tenía sus grandes ojos avellana muy abiertos y el rostro húmedo. Drew se sintió extraña al darse cuenta de que era la primera vez que veía a Stu.
Stu también la había visto y sus grandes orejas se giraron al reconocerla. Drew se llevo un dedo a los labios, pero ya era demasiado tarde. El hombre se había dado cuenta del temblor del elfo. Drew no se paró a pensar, empujó de golpe la trampilla y entró en el ático con la varita extendida frente a ella. En el otro extremo un espejo medio tapado le devolvía su reflejo. Tenía el cabello rizado revuelto y el camisón blanco se le había deslizado por un hombro.
Le costó reconocer a su hermano. La piel le colgaba sobre los huesos de la cara y una barba espesa y enmarañada le cubría el rostro. Pero sus ojos, azules como los de ella, seguían siendo los mismos. Y sin embargo… había un brillo extraño en su mirada, uno que la hacía sentir miedo. Drew mantuvo su varita en alto.
- Suelta a Stu – dijo señalando con la varita.
- ¿Qué más te da? Solo es un asqueroso elfo – Drew podía ver el terror en los ojos de Stu.
- Suéltalo – repitió esta vez más fuerte
- ¿O qué? – respondió su hermano con arrogancia. - ¿vas a maldecirme?
Drew no dijo nada, no sabía que responder, pero la mirada suplicante de Stu le impedía bajar la varita. Su hermano soltó una risa desagradable y dio un paso hacia ella.
- Eres como mama. – le dijo – No puedes hacerme nada, eres débil.
Drew negó con la cabeza incapaz de creer lo que estaba pasando.
- Baja la varita y te ahorrarás acabar como ella.
- No – Se escuchó decir a sí misma.
Su hermano se echó sobre ella, Drew giró hacia un lateral y las palabras de la maldición Cruciatix salieron de sus labios sin que apenas fuera consciente de haberlo hecho. Solo al ver a su hermano retorciéndose en el suelo comprendió lo que acababa de hacer. Stu había caído al suelo y había adoptado una posición fetal, con las manos tapándose las orejas y los ojos cerrados. Drew se llevó la mano a la boca como si no terminara de creer lo que había hecho.
- Zorra, vas a pagar por esto. – La voz de su hermano estaba llena de bilis – No tienes valor para matarme.
Drew observó al amasijo de huesos y piel que tenía a sus pies y no pudo reconocer en él a su hermano. Aquel hombre que tenía delante de ella no tenía nada que ver con el hermano que había jugado con ella o que la había consolado cuando estaba triste. Ya no quedaba nada del Logan al que ella quería.
- Petrificus totalus – dijo con calma.
Después, se acercó al cuerpo inmóvil de su hermano y se agachó junto a él.
- No olvidaré como eras. – Le susurro al oído. – Pero tampoco voy a seguir viviendo en el pasado.
Drew besó la mejilla de su hermano y volvió a levantarse.
- Le daré recuerdos a mama de tu parte – dijo mientras le daba la espalda.

2 comments:
Otra historia genial ^^
Gran ambientación, utilizando muy bien los recursos creados por J.K.Rowling
Juas, no había notado ni que habías comentado. Tengo más historias de este personaje si te interesan.
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