Tuesday, October 09, 2007

ELEKTRA


Podía sentir sus dedos acariciando mi pelo y su piel desnuda contra la mía. Por un momento me permití permanecer así, con los ojos cerrados, envuelta en sus brazos y su olor, recreándome en la falsa sensación de seguridad que me proporcionaba el calor de su cuerpo. Fingía dormir para preservar la ilusión de intimidad que compartíamos.

No podía durar. Lo había sabido desde un principio, cuando había salido al escenario y el asiento de mi padre estaba vacío y, en su lugar, había aparecido James. Alto y moreno, vestido con una levita de buen corte que, si te acercabas lo suficiente, se veía algo desgastada por el uso. Recordé como al verle había pensado como, pese a estar ya en la treintena, era bastante atractivo. Luego la música comenzó a sonar y yo me dejé llevar por ella, olvidándome de aquel pensamiento.

Las manos de James recorrieron mi cuerpo seguidas de sus labios, despacio, alternado los besos y caricias con mordiscos suaves. James se tomaba su tiempo para atender cada centímetro de mi piel. Dejé escapar un gemido suave pero me resistí a abrir los ojos. Quería creer que mientras no lo hiciese no tendría que preocuparme por nada más que por su tacto y su olor.

Otra mentira, igual que cuando me decía a mi misma que esta vez mi padre si vendría a verme bailar. O cuando imaginaba que mi madre regresaría de su coma y aparecería entre el público para darme una sorpresa. Pero cuando terminaba la música y les buscaba con la mirada entre el público, el único que estaba era James, destacando por encima del resto por su estatura. Y aquella noche no había sido distinta. No pude ocultar mi decepción por ello.

James había descendido hasta mis pechos. Su mano copaba el derecho mientras su lengua jugaba con el otro. Abrí los ojos y acaricié su pelo oscuro. Sus ojos negros buscaron los míos, pero yo eludí su mirada fingiendo estar concentrada en sus hombros musculosos. No quería pensar en nada más que no fuese el placer.

Aquí y ahora. Nada más, sin importar el precio que tuviese que pagar por ello. Así había sido detrás del escenario, cuando James había ido a recogerme, siempre formal y con un aspecto impecable pese a su ropa vieja.

- ¿Tampoco esta vez ha venido? - le había preguntado pese a conocer ya la respuesta.

Y tampoco me importaba, la decepción había dado paso a algo más. James no respondió y bajó su mirada. Puede que si me hubiese parado a pensar no lo hubiese hecho, pero en aquel momento lo único que sabía era que no quería estar sola. Recuerdo como le miré, estudiando su cuerpo musculoso y su rostro de facciones marcadas.

La mano de James se abrió paso entre mis muslos acariciándome con suavidad. Busqué sus labios con los míos, excitada, hambrienta. Le besé de forma salvaje, explorando su boca con mi lengua, mordisqueando su labio inferior y jugando con su lengua. Como si de ese modo pudiese rellenar mi vacío.

Eso era lo que había hecho al llegar a casa, buscar un modo de llenar el vacío. Me había sentado en el reposa brazos del sillón donde James estaba leyendo y había apartado con un dedo un mechón de pelo suelto, aquel precioso pelo negro, y me incliné a mirar. Luego, de forma deliberada, me había dejado caer en su regazo, como si quisiese compartir su lectura. Pero mi mano siguió acariciando su pelo y dejé que mi cabeza reposase sobre su pecho.

Saboreé el miembro de James sin dejar de tocarle y acariciarle. Tenía su cabeza entre mis piernas y sentía su lengua lamiendo mi sexo. Gemí de placer y me abandoné a las sensaciones, al instinto.

Me pregunté si había sido instinto lo que le llevó a devolver mi beso cuando al cerrar el libro no quise que se marchara. No puedo decir que supiese lo que estaba haciendo. Mis brazos rodearon su cuello y apreté mi cuerpo contra el suyo. Luego le besé, inexperta, insegura, desesperada.

Bese de nuevo a James. Podía sentir su erección mientras él separaba mis piernas y se colocaba sobre mi. Yo ardía de deseo pero él se detuvo, buscando con su mirada mi confirmación.

Igual que había hecho cuando se rompió el beso. No sé si horrorizado por lo que había hecho o asustado por las consecuencias. Pero sus protestas no tenían fuerza y su aliento aún estaba entrecortado. Me mirada con deseo y no hizo nada por apartarme cuando comencé a besar su cuello.

Arqueé mi espalda sacudida por el orgasmo. El pelo de James caía sobre mi como una cortina. Nos miramos jadeantes con nuestros brazos y piernas aún entrelazados. James me besó de nuevo. como había hecho la noche anterior, pero esta vez no dijo nada.

Pero esta vez no dijo nada, ya lo había hecho la noche anterior.

- ¿Cómo... como vamos a decírselo a tu padre? - había susurrado a mi oído.

Yo le había mirado incrédula. Mi padre nunca lo aceptaría, no cuando afectaba a la reputación de la familia. Era un secreto que se aseguraría que permaneciese oculto, aún cuando para eso tuviese que enterrar su cadáver en el sótano. Y James debía saberlo mejor que nadie. Le miré con tristeza, puede que no fuese la única que se mentía a si misma.

- No lo haremos. Nadie puede saberlo.

Ninguno de los dos había dicho nada más, solo permanecimos mirándonos en silencio. Habíamos pasado la noche juntos y por la mañana había podido sentir sus dedos acariciando mi pelo y su piel desnuda contra la mía. Y aún ahora, mientras abandonaba mi cama y mi cuarto, con el pelo revuelto y la levita arrugada, no me arrepentía de nada.

No comments: