Friday, March 07, 2008
Thursday, March 06, 2008
Sunday, February 24, 2008
Monday, February 18, 2008
Armonía
Notas discordantes. Rompían el ritmo, arruinaban la melodía. Aunque el piano ahogase las palabras y las voces airadas yo sabía que habían discutido. Otra vez. Cada nota fuera de lugar un reproche, cada acorde a destiempo una ofensa, un insulto.
Nunca hablamos de ello y ahora era demasiado tarde. Mi madre yacía inmóvil sobre la cama, más allá de toca recuperación posible. Me había quedado sola con mi música.
Recordé como sentada sobre la alfombra del salón la veía tocar durante horas. Sin saber que hacer o decir para animarla. Escuchaba el ritmo de las notas, que era como gotas de lluvia… o lágrimas.
Otras veces me sentaba junto a ella y tocábamos juntas. Nuestras manos recorrían las teclas del piano con una compenetración como solo podía lograr madre e hija.
Y otras, las menos, cuando llegaba la calma, yo bailaba por el salón al ritmo de su música. Mi cuerpo, mis movimientos era una extensión de la música que creaba mi madre.
Música y baile para expresar todo aquello que no teníamos el valor de decirnos con palabras.
Pero ahora no quedaba nadie para escuchar. Bailaba en silencio, sin nadie para verme o acompañar mis pasos. Viéndola sobre el lecho, tan frágil, no podía sino preguntarme si alguna vez encontraría alguien con quien compartir aquello, alguien con quien no hubiera notas fuera de lugar.
Mi madre parecía serena, en calma. Su rostro hermoso había perdido las marcas de la preocupación. Acaricié su pelo con dulzura y salí de la habitación. Ella había conseguido su armonía, ahora quedaba yo.
Caminando de regreso a casa pensé que tenía que existir alguien a parte de ella cuyo ritmo complementase el mío, con quien fuese capaz de crear música, bailar. En definitiva, alguien con quien no hicieran falta las palabras. Solo tenía que encontrarlo.
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V_Vendeta
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Sunday, February 17, 2008
Tuesday, February 12, 2008
Navidades Slytherin
Los muros de piedra gastada de la Mansión Prince perdían la batalla contra el tiempo y la hiedra que trepaba por ellos. Las paredes medio derruidas se aferraban a un armazón de vigas rotas y hacía ya tiempo que el tejado de pizarra se había derrumbado. Las plantas habían comido terreno al camino y lo que había sido un jardín ahora crecía salvaje en una maraña de zarzas y malas hierbas.
La gente del pueblo decía que, por las noches, se veían luces y se escuchan ruidos extraños en la Mansión. A ojos muggles no era más que una vieja mansión abandonada, pero la realidad era otra. Si tenías la suerte de ser invitado se revelaba su auténtico aspecto. Los caminos de piedra recorrían un jardín con magníficos macizos de rosas, arbustos recortados con la forma de animales o criaturas mágicas y un césped bien cuidado. Pasaban junto a un estanque donde en verano nadaban los cisnes y en invierno se podía patinar para después adentrarse en el laberinto de setos donde solían perderse las parejitas.
En el centro de aquel jardín se encontraba la mansión, con sus tres alas y las caballerizas en la parte trasera. Lejos de estar derruidos, sus muros de piedra se alzaban orgullosos, inamovibles. Tampoco se había escatimado en el interior. Muebles lujosos y todo tipo de detalles destinados a que la vida de sus ocupantes fuese más agradable.
Claro que no todo el mundo podía disfrutar de esos privilegios. La Navidad en casa de los Prince se había convertido en un evento social al que muchos querían ir, pero pocos eran invitados.
Con contadas excepciones podía decirse que estas serían unas Navidades Slytherin. Charlotte Prince se había encargado de ello. Ella misma se había encargado de tachar de la lista a todos los que claramente no debían estar allí. Nada de gente vulgar, pobre o, simplemente, que le cayese mal. Era algo con lo que disfrutaba, especialmente, en el caso de quienes creían que podían comprar su invitación, los muy necios.
Una sonrisa burlona se dibujó en su rostro al recordarlo mientras decoraba el árbol de Navidad en los colores Slytherin, verde y plata. Agitó ligeramente la varita para colocar un pequeño ángel que agitaba las alas. La mayor parte de la decoración la habían hecho los sirvientes, pero ella se reservaba dar los últimos toques porque, así, se aseguraba tener una imagen más hogareña y sencilla.
A Charlotte le gustaba toda aquella puesta en escena, desde escoger la ropa que llevaría, un vestido de lana verde estudiadamente informal, hasta los pequeños detalles como la colocación de los regalos. Podía decirse que su tarde estaba resultando perfecta hasta que llegó Carson cantando villancicos. Aún llevaba el uniforme de Hogwarts pero había tenido tiempo de ponerse un gorrito de Santa Claus cuando irrumpió en el Salón donde estaba Charlotte.
- Steve cállate –Ordenó Charlotte sin desviar la mirada de lo que estaba haciendo.
Colocó una guirnalda verde y plateada que serpenteaba en la rama. Steve se detuvo e hizo un mohín. Luego se cruzó de brazos y apartó la mirada con enfado.
- Es que tú no sabes apreciar mis dotes artísticas. Pero Aqua sí sabe, ¿verdad, Aqua?
Aqua Cold entró en el salón seguida por su elfo doméstico cargando una caja más grande que él. Se había cambiado de ropa a un vestido negro con detalles rojos. Steve se acercó a ella buscando su apoyo a pesar de que Charlotte parecía haber dado por zanjada la discusión sobre si se debía cantar o no. Aqua señaló un rincón de la habitación.
- Ahí- dijo con frialdad.
El elfo obedeció rápidamente y se retiró de la habitación, con la cabeza agachada y casi corriendo. Aqua se volvió a mirar a Steve y cambió su tono de voz.
- ¿Qué decías? Ah, sí, las dotes artísticas...
No concluyó la frase, no hacía falta. Miró primero a Steve, y luego a Charlotte, absorta en los detalles decorativos del árbol y sin decir nada. Entonces se dio rápidamente la vuelta y se dirigió a zancadas hacia Charlotte, con el vaporoso vestido negro ondeando a su paso.
- ¿Qué tal va el árbol, Charlie?- preguntó con una sonrisa maliciosa.
Charlotte se giró hacia la chica oriental sin dejar de mover su varita, que por arte de magia hacía que las bolas relucientes de color verde y plateado se colgaran de las ramas del árbol que había plantado en una esquina del salón. Echó la cabeza hacia atrás agitando su cabello oscuro cuidadosamente peinado y devolvió la sonrisa de Aqua. Steve se sintió descartada.
- Estupendamente, Aqua.
Las dos le dieron la espalda y empezaron a intercambiar miradas entre ellas mientras susurraban. Steve las observó desde la entrada del salón, aquella era una de las cosas que más la molestaban, se sentía completamente ignorada.
- ¡Os odio! –les gritó.
Se dio la vuelta furiosa y se cruzó de brazos, sólo le faltaba patalear, como una niña pequeña. Charlotte puso los ojos en blanco en un gesto teatral mientras Aqua negaba con la cabeza ¿Cuándo maduraría?
- Vamos, nena, yo te aprecio
SmothrRal acababa de llegar y tenía un aspecto tan descuidado como de costumbre. Se acercó hasta Carson y la abrazó por la espalda, intentado aprovechar para tocarle los pechos. Steve le apartó con un empujón. Aqua meneó de nuevo la cabeza mientras Charlotte suspiraba, otro que necesitaba madurar.
- ¡Quita, quita! ¿Es que no vas a cambiar nunca? ¡Siempre igual! ¿Por qué no te…?
- -Sois como críos –cortó Charlotte mirándoles con desdén
Aqua asintió mientras les miraba del mismo modo condescendiente junto a Charlotte. Las dos chicas morenas intercambiaron una mirada y luego continuaron con su discusión entre susurros, dándoles la espalda.
El timbre volvió a sonar sin que ninguno de los cuatro le prestase atención, ya se encargaría alguien de abrir. Claro que si hubieran sabido quién era quién llamaba puede que hubiesen dado instrucciones para que no abrieran. Una voz chillona y desagradable precedió la entrada de Benson en el salón, era incomprensible que sus padres la hubieran traído. De haber estado en su lugar, Charlotte la habría encerrado en el ático, para ahorrarse el bochorno. Sencillamente patético. Benson irrumpió con aspecto desesperado. Entrecerraba sus ojillos intentando ver si Miller estaba en el salón...
- ¡¿DONDE ESTA IAN?!
Una de las bolas de Charlotte cayó al suelo de la impresión, Steve pareció enmudecer de pronto, John reprimió una maldición y Aqua tuvo que apoyarse sobre el brazo de uno de los sofás para no caerse, probablemente era la única que no sabía que estaba muerto. Por un momento todos la miraron con desprecio mientras ella permanecía allí, en medio del salón y completamente fuera de lugar. No era sólo que fuera fea, era la combinación de su pelo estropajoso, con los alambres de su boca, los granos y las gafas de culo de botella. Eso sin contar el saco de terciopelo que ella debía considerar un vestido, estaba claro que el dinero no podía comprar la clase.
- Dime que esa cosa no está pisando mis alfombras persas -alcanzó a decir Charlotte en un susurro.
Al invitar a los Benson había dejado caer todo tipo de indirectas para que no la trajeran pero, finalmente, habían optado por ignorarlas. Charlotte respiró hondo intentando calmarse y recuperar la compostura.
- ¿Quieres que te diga la verdad o prefieres que te mienta para ahorrarte una muerte segura? - Aqua respiraba con dificultad y estaba lívida.
- ¡¡¡IIIAAAAAAAAAAN!!!- chilló Benson.
Era como el arañazo de una pizarra. Steve y John se apartaron de ella con asco. Por un momento eterno pareció que no iba a moverse de allí hasta que apareciera Miller y todos sabían que eso era imposible.
- ¿Ian? ¿Dónde está mi Ian?- repitió Benson con su voz desagradable y recalcando el "mi", como si Ian se hubiera degradado a prestarle atención a una "cosa" como ella cuando estaba vivo.
- Seguramente habrá ido a suicidarse al ver que vienes tú- soltó Steve, su voz rebosaba veneno.
De algún modo el humor negro resultaba apropiado, era una oportunidad de descargar su rencor por la muerte de Miller contra ella. Charlie arrugó la nariz aún asqueada. Su mirada se había vuelto peligrosa y jugueteaba con su varita de forma amenazadora.
- Aquí huele un poco mal desde que entró ella, ¿no crees? - preguntó Charlotte a Aqua alzando la voz para que todos pudieran oírlo.
- Oh, vosotros- dijo Benson con aire irritado - ¿Qué hacéis aquí?
Charlotte levantó una ceja preguntándose cómo podía preguntar aquello en su casa. Estaba considerando cuál sería la manera más humillante de echarla cuando Aqua se dirigió a la puerta y chasqueó los dedos. El mismo elfo doméstico que la había acompañado al llegar apareció delante de ella e hizo una torpe reverencia.
- ¿De-desea algo, señorita? - tartamudeó el elfo.
- Sí, - respondió Aqua con aparente dulzura, pero sus ojos tenían un brillo frío - Necesito que abras las ventanas y ventiles un poco la habitación, el aire está como... sobrecargado- miró con malicia a Benson, ella la observó con recelo a través de sus gafas gruesas.- Y de paso... barre la mierda
Aqua se inclinó y susurró unas instrucciones al oído del elfo. El elfo tembló, luego sacó una escoba y cumplió con las instrucciones que le habían dado: barrer a Benson. Claro que el gesto fue más teatral que efectivo. La "fea" salió echa una furia de la habitación llamando a sus padres para encontrarse con Drew Blacksmith, la prima de Charlotte, bajando por las escaleras de la entrada. Drew la miró por encima del hombro, con un desprecio mal disimulado.
- ¿Dónde está Miller? - insistió Benson.
Drew se detuvo a mitad de bajada y miró a Benson desde la escalera. Ella era la responsable de que no supiera que Miller estaba muerto. Le había dicho que se había ido a Dumstrag para que se fuera de Hogwarts... y hasta ahora había funcionado. Con un gesto delicado se apartó un mechón de pelirrojo de la cara, si se enteraba de que Miller no estaba allí volvería a Hogwarts. Sonrió de forma conciliadora.
- Me temo que no le ha sido posible llegar aún ¿Por qué no le esperas en tu habitación? Haré que te avisen cuando llegue.
La voz de Drew era suave, casi amistosa. Benson la miró con desconfianza a través de sus gafas de culo de botella. Después de dos meses en Dumstrag, aún no había conseguido ver a Miller, pero guardaba todas las cartas que él le había enviado. En la última decía que pasaría las navidades en Australia, pero sus padres le habían dicho que los Miller vendrían...
- ¿Seguro que me avisarás?
- Claro - Drew sonrió levemente.
En el salón se escuchaban risas y a Drew le pareció escuchar a John imitando a Benson, pero consiguió contener la risa y mantener su expresión amable hasta que Benson se fue, con suerte no saldría de la habitación hasta la cena...
Drew fue hasta la cocina. No todos los invitados eran anunciados a su llegada, algunos preferían ser más discretos. Stanley Penn entró por la puerta trasera. Drew quería asegurarse de que estuviera presentable antes de que viese a Charlie. Conseguir que le invitasen y vestirle de forma apropiada había sido la parte fácil, lo complicado era enseñarle cómo tenía seducirla.
Drew saludó a Stanley con una sonrisa. Tenía mucho mejor aspecto con el traje de chaqueta que le había conseguido, pero parecía demasiado formal con todos los botones de la camisa abrochados y el pelo peinado. Se acercó a él y comenzó a desabrocharle la camisa. Esbozó una sonrisa satisfecha al comprobar que también se había puesto la colonia que le había dado, la misma que usaba Logan.
- ¿Estás preparado? – Drew observó a Stanley con ojo crítico. Mejor pero no suficiente.
- No creo que funcione – Respondió mirándola mientras ella seguía arreglándole la ropa con total confianza.
- Claro que lo hará, a Charlie le encantan los juegos – Comentó distraída mientras usaba los dedos para revolverle el pelo oscuro.
- ¿Cómo lo sabes?
Stanley estaba nervioso, no estaba acostumbrado a tanta intimidad, ni siquiera con Drew. Le desconcertaba su forma de intentar ayudarle, como cuando había estado enseñándole cómo tenía que besar o acariciar a su prima. Besos suaves que crecían en intensidad, alternando con pequeños mordisquitos o caricias con la lengua. Drew era capaz de darle clases prácticas sobre besos y al instante siguiente comportarse como lo haría una niña con su hermano mayor. Aquello le confundía.
- Porque a mí también me gustan los juegos – Respondió Drew sonriente. Ya está – dijo apartándose a comprobar su obra. – Suerte – dijo dándole un beso en la mejilla.
- ¿No vienes?
- Resultaría sospechoso. Están en el salón – Drew le guiño un ojo y salió de la cocina dejándole solo.
Stanley suspiró. Odiaba las reuniones sociales y estaba seguro de que esta iba a resultar especialmente larga. Sólo había venido porque Drew había insistido en que era una oportunidad para intentar seducir a Charlie. Ya no había vuelta atrás, se dijo.
El salón se había llenado de gente. Eos Nightteare se había unido a Charlotte y Aqua en la decoración del árbol. A pesar de su timidez se veía que se lo estaba pasando bien. SmothRal seguía haciendo imitaciones burlonas de Benson y hasta Luckson Afford se estaba riendo de ellas. Incluso Cameron, que normalmente se mantenía distante, se había unido a las burlas para regocijo de Carson.
- Genial – pensó Stanley – están todos menos Drew
Pero por suerte para él todos parecían demasiado ocupados despellejando a Benson para prestarle atención. Recordó que Drew le había dicho que tenía que aparentar indiferencia y se dirigió a uno de los sillones desde dónde podía observar toda la sala, incluida Charlie. Su vestido verde se ceñía a su cuerpo de forma insinuante y se había vuelto a teñir de negro.
Un poco más tarde entró Drew y saludó a todo el mundo como si acabase de llegar, incluido a él. Se había cambiado de ropa a uno de aquellos vestidos sexis que hacían que la gente se volviera a mirarla. Cuando terminó con los saludos se reunió con Aqua y su prima, pero no pasó mucho tiempo antes de que s sentase al piano y comenzara a tocar con aspecto distraído. Por lo que sabía aquella era su manera de ignorar a todo el mundo aun estando rodeada de gente. Entonces se volvió hacia Charlie y, como quién no quiere la cosa preguntó.
- ¿Pusiste el muérdago ya?
- ¡Ni se te ocurra! – gritó SmothRal ha venido Benson.
Drew sonrió con la calma que la caracterizaba ignorando el comentario de John, la mirada de repugnancia de Luckson y cómo Cameron había empezado a irse hacia una esquina.
- No te preocupes querido, le pedí a Stu que sellase la puerta de su cuarto. Además, creo que se sentirá indispuesta, alguien ha sustituido los caramelos de su cuarto por unos vomitivos. Una lástima. – soltó una risita traviesa y luego volvió a sonreír – Vamos, será divertido.
SmothRal miró a Carson como si calculase sus posibilidades de pillarla desprevenida bajo el muérdago. Luckson recuperó su arrogancia normal y Cameron regresó justo a tiempo de meterse con Smothral.
- No te hagas ilusiones. Carson no te besaría ni con ayuda del muérdago.
Charlotte soltó una risita y agitó su varita haciendo que se abriera la última de las cajas para revelar varios manojos de muérdago fresco. Drew sonrió de forma provocadora al ver que su prima había aceptado el juego y sus dedos comenzaron a tocar “love is all around”.
- Entonces está decidido, se abre la veda. – proclamó con una sonrisa.
Después agitó su varita y las ramas de muérdago salieron de la caja para distribuirse por la casa. Desde el sillón Stanley miró a Drew, inseguro. La pelirroja había cumplido su parte, pero Charlie seguía pareciéndole tan inaccesible como siempre.
Aqua salió discretamente del cuarto, parecía que no le hacía gracia la idea de quedarse por allí con John desmadrado, porque el hecho de que le gustara Carson no significaba que fuera a desperdiciar la oportunidad de besar a otra chica. Benson era la única con el dudoso honor de no interesar a John. El resto tampoco le interesaban así que prefería buscarse otro entretenimiento para la tarde y, a ser preferible, alguien a quién atormentar.
Carson también salió de la habitación seguida de cerca por John, pero apenas llegó al piso de arriba cuando la alcanzó y la besó.
- ¡Eh! Ni siquiera hay muérdago. - John miró hacia arriba y a los lados. Luego apuntó con la varita a una rama de muérdago.
- Accio Muérdago. – Cogió la rama y la sostuvo sobre ella - Ahora sí
Carson miró para asegurarse de que no había nadie mirando y le dio un beso sin saber muy bien si era por el espíritu navideño o porqué. El beso duró más de lo que tenía planeado y cuando abrió los ojos tuvo la peor de la visiones. Benson había conseguido salir de la habitación y había conseguido vomitar todo su vestido.
- ¿Por qué estaba mi puerta atrancada?
John y Carson se miraron y luego apuntaron a Benson con sus varitas al tiempo que la devolvía a su habitación con un Depulso y cerraban la puerta de golpe.
- Vuelve al váter al que perteneces. – dijo Carson.
Los dos se rieron y fueron a buscar un lugar más tranquilo.
Cuando dejó de escuchar sus voces Aqua Cold salió de su escondite y fue hacia la puerta de la habitación de Benson, había encontrado a quién atormentar. Sonrió de forma sádica, últimamente se había sentido algo débil y la “fea” era la voluntaria perfecta para solucionar su pequeño problemilla. Entró en la habitación con un golpe en la puerta y se la encontró llorando sobre un puñado de papeles sucios.
- ¿Qué diablos es toda esta basura? Menuda cerda que eres.
Con un raído movimiento de varita hizo que los papeles ardieran mientras Benson intentaba apagarlos desesperadamente con las manos. La muy palurda, pensó Aqua, ni siquiera es capaz de usar la varita.
- Las cartas de Miller - gimió Benson – Mis cartas
- ¿De Miller dices? Él ni siquiera te escupiría – Aqua palmeó la varita con la mano.
- ¡No es cierto! Me ha estado escribiendo los dos últimos meses en Dumstrag- protestó Benson casi histérica.
Aqua sonrió de forma sádica, le encantaba ser ella quién le diera la noticia. La fea seguía intentando salvar sus cartas del fuego sin éxito.
- Verás, pequeña imbécil, Miller no ha podido escribirte esas cartas porque está muerto.
- ¡NO! – gritó la “fea” en una orgía de lágrimas y mocos.
Aqua torció el gesto y luego la apuntó con la varita. La mayoría de las cartas eran cenizas, pero Benson había conseguido salvar unos pocos papeles.
- Menuda escoria, Aguamenti.
Un chorro de agua fuerte empapó a Benson y terminó por destrozar lo poco que quedaba de las cartas. Benson se quedó tirada en el suelo, con lo papeles mojados abrazados contra el pecho. Su aspecto era incluso más lamentable que de costumbre. Aqua caminó con cuidado por la habitación y se agachó junto a ella para rozarla ligeramente. Luego, con suma repugnancia se limpió los dedos con que la había rozado y tiró el pañuelo sobre Benson.
- Hazte un favor y suénate los mocos.
Dijo saliendo de la habitación y sellando la puerta tras ella.
Abajo en el salón nadie se había enterado de lo que había pasado con Benson y tampoco les importaba. Drew seguía tocando el piano e incluso había conseguido que Eos se sentase con ella a tocar mientras Charlie bailaba con Cameron a falta de alguien mejor. De vez en cuando Drew le lanzaba miradas discretas a Stanley para indicarle que hiciera algo finalmente se volvió hacia Eos con una sonrisa.
- ¿Por qué no bailas con Stanley? No creo que a Afford le apetezca, este tipo de cosas no le gustan. – Drew dedicó una sonrisa deslumbrante a Eos y eso pareció desarmarla. – Vamos, - la animó - ¿quieres que le llame yo?
Eos negó con la cabeza y se levantó para ir a bailar, parecía que había conseguido vencer su timidez y disfrutar de la fiesta. Drew le dedicó una sonrisa pícara a Stanley y comenzó a tocar una canción llamada “Shy”. Stanley se prometió vengarse más tarde, pero tuvo que reconocer que encajaba dentro de la parte del plan de “crearle competencia” a Charlie, aunque la única que parecía capaz de ponerle tan nervioso como Charlie estaba ahora mismo sentada tocando el piano con expresión angelical.
Una canción siguió a otra. Carson y SmothRal regresaron de dónde quiera que hubieran estado y se unieron al resto. Al verlos Drew cambió a una canción lenta, de esas que se bailan abrazados, pero Stanley sabía que no tenía nada que ver con Carson y SmothRal.
Charlie también miró a su prima preguntándose en qué consistía su juego. Drew, como tantas otras veces, parecía absorta en sus pensamientos. Hasta el punto que no parecía haber notado el muérdago que alguien había puesto sobre el piano. O tal vez no le importaba, era difícil decir.
Luego miró a Stanley bailando con Eos. Estaba de espaldas a ella y Eos había apoyado su cabeza sobre su hombro. El aspecto dulce de Eos hacía que la gente se sintiera cómoda con ella y que el interés de Stanley por ella resultase creíble. Apretó los labios, Charlotte Prince no compartía. Se disculpó con Camerón y cruzó el salón para tocar el hombro de Stanley.
- Creo que toca cambio de parejas – dijo agitando su melena tras ella.
Tal vez fuera por su naturaleza tranquila y discreta que si a Eos le molestó el cambio no lo dijo. O tal vez no le importaba con quien bailar. Stanley carraspeó un poco, sospechaba que tendría que pagar por esto. Aún así ofreció su mano a Charlotte. Ella sonrió con una dulzura engañosa y puso sus manos alrededor de su cuello, posesiva. Había una rama de muérdago cerca y, por mucho que a Stanley le costase reconocerlo, tenía que admitir que el plan de Drew estaba funcionando…
Entonces, cuando estaba a punto de besarla, Benson irrumpió en el salón. Estaba empapada, manchada de vómito y aferraba unos papeles mojados cuya tinta estaba completamente corrida. Era una visión grotesca, como uno de esos fantasmas de mujeres ahogadas cuya piel se ha vuelto pálida e hinchada o un Inferius.
Drew paró de tocar produciendo un sonido discordante y luego silencio. Charlotte miró a Benson chorreando sobre su alfombra persa, completamente paralizada por la impresión. Stanley apartó a Charlotte como si la estuviera protegiendo de una especie de monstruo salido del averno. Luckson presionó sus nudillos y sólo le faltó escupirla. Carson y SmothRal la miraron con repugnancia y se hicieron a un lado mientras ella caminaba hacia el centro del salón. Incluso Cameron y Eos fueron incapaces de ocultar su asco. Benson se paró en mitad del salón, ya nadie se acordaba de la música, la fiesta o el muérdago.
- ¿Y Miller? – preguntó con voz temblorosa.
- Ya te dije que no le ha sido posible venir – respondió Drew desde el piano. Se la veía tensa y sus manos había dejado de acariciar las teclas del piano para acariciar su varita.
Aqua entró en la habitación y se detuvo al ver a Benson. La fea dio un paso hacia Drew, tambaleándose. El resto se apartaron, manteniendo las distancias y formando un círculo a su alrededor.
- Aqua dice que Miller esta muerto – balbuceó Benson
- Pues claro que esta muerto estúpida – Le espetó Afford con una auténtica mirada de odio. – Eres la única imbécil que no se ha enterado.
- Pero Drew me dijo que estaba en Dumstrag y que me echaba de menos.
Todos se giraron a mirar a Drew. Ella se encogió de hombros, su expresión era la misma que habría tenido una niña a la que acabasen de pillar haciendo una travesura.
- No podéis culparme por querer librarme a Slytherin de ella. Es una desgracia para la casa, nos avergüenza–
Drew se levantó del piano y se alisó la falda sosteniendo la mirada del resto. Charlotte miró a su prima y luego a la cosa que chorreaba sobre su alfombra persa. Puede que hubiera enturbiado la memoria de Miller pero había que reconocer que tenía un buen motivo. Charlotte puso su mano sobre la cabeza y dio un paso hacia delante.
- Es cierto, ni siquiera es inteligente como Cameron.
- O fuerte como Afford – apoyó Aqua desde la entrada y cerrando un poco el cerco.
- Ni sabe provocar miedo como Carson – Drew esbozó media sonrisa.
- Tampoco es capaz de rastrear gente – dijo SmothRal mirando a Stanley.
- No es persuasiva como Charlie – añadió Carson haciendo un gesto amenazador.
- Ni eficaz como Aqua – Cameron se cruzó de brazos con su mirada fija en la temblorosa Benson.
- O discreta como Eos – comentó Stanley mirando de reojo a Charlotte.
- Ni siquiera tiene sentido del humor como SmothRal – susurró Eos.
Poco a poco habían ido rodeándola. Benson les miró a través de sus gafas de culo de botella empañadas. Sus rostros reflejaban con claridad el desprecio que les causaba, pero a ella le daba igual todo eso, lo único que le importaba era que Miller estaba muerto y que Drew le había mentido. Se había burlado de ella.
- ¿Y tú? ¿Tú para que vales? – dijo caminado hacia Drew - ¡Sólo para mentir! – gritó apuntándola con una varita temblorosa.
Drew alzó su propia varita pero antes de que pudiera hacer nada más Afford la golpeó con el reverso del puño en la cara rompiendo sus gafas de culo de botella y tirándola al suelo.
- Por lo que se ve para deshacerse de la basura. – respondió Luckson avanzando hacia ella de forma amenazadora y obligándola a retroceder para que no la pisara.
Drew sonrió a Luckson y luego arrebató la varita de Benson con un expelliarmo. Los Slytherin se miraron entre ellos. Poco a poco sus varitas se fueron alzando para apuntar a Benson.
- No eres uno de nosotros. Sal de mi salón, cosa – La voz de Charlotte destilaba veneno.
- Nadie te quiere aquí, Fea – se mofó Carson
- Vete y no vuelvas, estúpida – añadió Aqua con frialdad.
Benson se levantó trastabillando y salió corriendo. Todos irrumpieron en risas. La sonrisa de Drew se amplió a una de triunfo. Parecía que por fin la casa Slytherin se había puesto de acuerdo en algo. Aquellas navidades los Slytherin había recuperado su unidad y eso era el mejor regalo que podía esperar. El dinero no compra una invitación a la casa de los Prince y la sangre no basta para ser un verdadero Slytherin, aquellas navidades serían sólo para ellos.
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V_Vendeta
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Sunday, February 03, 2008
Friday, January 25, 2008
Todo queda en familia
La sangre caliente manchaba su vestido dorado y goteaba sobre la nieve recién caida. Mi primo Alexander me sonrió en la oscuridad del jardín. Tendría que haberme sentido asustada por el brillo en sus ojos negros o el orgullo que dejaba traslucir su rostro pálido. En la mansión se escuchaban música y risas, nadie más se había dado cuenta de la desaparición de Alexander o de la rubia del vestido dorado. Fingí que no sucedía nada a pesar de que el cuerpo de la chica se enfriaba por momentos.
- Te dejaste tus cigarrillos – dije ofreciéndole el paquete que me había servido de excusa para abandonar la fiesta.
Alexander entonces pareció relajarse. Apartó la nieve del banco de piedra junto al cuerpo de la chica y se sentó. Después encendió un cigarrillo y dio una calada honda.
- No podía soportarla. Tanto lloro y tanta pataleta. – dio otra clada nerviosa y me miró desafiándole a contradecirle.
Miré a la chica, su pelo rubio rodeba su rostor dulce manchado por el maquillaje que había corrido las lágrimas. Había sido la cita de mi hermano aquella noche. La había visto colgada de su brazo con sus ojos castaño brillantes por la ilusión. Probablemente había creído que podía cambiarle y llevarle por el buen camino. Inocente. La había usado y la había dejado, como a las otras. Pero eso no explicaba cómo había acabado allí, con una herida profunda en su pecho.
Alexander palmeó el banco de piedra para que le acompañase. Aunque había quitado la nieve aún estaba frío. Me estremecí ligeramente al contacto con la piedra fría pero me quedé sentada, con los ojos fijos en la mancha del vastido. Alexander me ofreció un cigarrillo y yo negueé con la cabeza sin apartar la vista de la chica.
- Prefiero beber – dije mostrando una botella de champagne.
Alexander se encogió de hombros, parecía de buen humor. Sonreí debilmente sin saber qué hacer. La herida de la chica rubia estaba sobre el corazón, justo encima del escote del vestido dorado del que había estado tan orgullosa. Recordé como nos había contado que había tenido que trabajar durante un mes para comprarlo mientras que Charlie y yo la mirabamos con condescendencia. Para nosotras, conseguir nuestros vestidos de noche sólo había supuesto una tarde de risas y compras en la que bromeabamos sobre cómo Charlie dejaría a todos sin aliento con su vestido rojo. No sé porqué motivo absurdo pensé que, si el vestido de la rubia fuera rojo, se notaría menos la sangre.
Di un trago a la botella y se la pasé a Alexander sin mirarle. Hacía mucho frío y, pese al abrigo, temblaba ligeramente. Aún así, prefería el silencio y la calma del jardín al calor asfixiante y el jaleo de la casa. Si no hubiera sido por el cadáver habría sido agradable. Alexander dio un trago de la botella y me la devolvió.
- Tendrías que haber traído whisky, con esto no podemos emborracharnos.
Le miré de reojo con cierta curiosidad morbosa, no parecía importarle lo más mínimo la chica a la que había amtado o que alguien pudiera ver el cadáver. Dí otro trago de la botella y la dejé sobre el banco de piedra.
- ¿Qué hace aquí?
Pregunté aún aún aturdida. Alexander no pareció tomarselo mal, dio una calada y miró sin mucho interés a la chica, la sangre y la nieve sucia.
- Charlie me la echó encima para que la consolara.
Levanté una ceja, a mi prima nunca le habían importado los ligues descartados de Logan. A mi tampoco, después de todo mi hermano siempre se había protado bien conmigo, era cariñoso y protector ¿Qué me importaba qué solo saliera con ellas por el sexo? ¿Nos convertía eso en responsables de lo que le había pasado a la chica? Me mordí el labio y mire a mi primo.
- Lo sé, creo que sólo quería librarse de mi un rato – comentó Alexander mientras tiraba la colilla de su cigarro al suelo, junto al cadáver.
Yo le miré algo confusa, seguía sin terminad de entender lo que había pasado. Aprenté el abrigo contra mi cuerpo, mi aliento se escapaba en pequeñas nubes de vaho.
- ¿Pero por qué no se fue?
- No lo sé, se puso histérica
Alexander encendió otro cigarrillo. Yo dí otro trago de champagne, la botella estaba ya por la mitad.
- ¿Histérica?
Alexander asintió con la cabeza y dejo escapar el humo del cigarro despacio, con expresión reflexiba en sus ojos oscuros.
- Decía que Logan se había aprovechado de ella, que la había engañado para que se acostase con él y no sé que mierdas más. - Alexander miró de reojo a la chica y dio otra calada aspirando con intensidad. – Le dije que qué esperaba, que no pertenecía a nuestro nivel social. Estaba claro desde un principio que sólo la quería para divertirse.
Asentí despacio y de forma maquinal. Sabía perfectamente a qué se refería mi primo. Todos lo sabíamos cuando nos la presentó y todos la habíamos tratado con la misma cortesía indiferente y distante. No era uno de nosotros y nunca lo sería, no importaba cuanto se hubiera esforzado para conseguir aquel vestido dorado que no desentonase con el rojo de Charlie.
- ¿Y no se fue?
- No, se puso hecha una fiera y me atacó – Alexander mostró unos arañazos en su cuello – Luego todo se complicó. Yo sólo quería asustarla y que me dejara en paz. Fue un accidente.
Alexander dio una calada al cigarrillo y soltó el humo con la misma lentitud de antes. Yo miré el rostro dulce de la chica enmarcado por sus rizos rubios. Recordé el brillo en los ojos de Alexander y su expresión de orgullo cuando le había encontrado. Un escalofrío recorrío mi espalda, estaba temblando. Él se quitó el abrigo y lo puso sobre mis hombros. Le sonreí debilmente.
- Sólo… solo ha sido una ccidente – mentí.
Tragué saliva y miré de reojo las luces de la mansión donde seguían escuchandose música y risas, nadie se había dado cuenta aún.
- Nadie… nadie va a echarla de menos.
- No – Alexander pasó su brazo sobre mis hombros para darme calor – Nadie lo hará. Sólo tenemos que evitar que la vena – susurró en mi oído.
Dejé que me abrazase y apoyé la cabeza en su pecho, con la vista fija en la macha de sangre del vestido dorado. Alexander era mi primo y ella… ni siquiera sabía su nombre. Logan nos la había presentado pero yo no había prestadoa tención y la había llamado querida como con todas las otras. Luego Charlie y yo nos habíamos reido de ella en los baños, por tener que trabajar para comprarse un simple vestido.
Cerré los ojos para no ver su rostro dulce enmarcado por los rizos rubios. Ya no podía hacer nada por ella. Pero sí podía hacer algo por mi primo, mi familia. Había sido solo un error, un terrible error y si se sabía tendría que pagar por ello durante toda su vida. Respiré hondo y abrí los ojos.
- James se encargará de todo, él sabrá que hacer.
Alexander me miró inseguro, estaba claro que no le gustaba la idea de implicar a más gente. Acaricié su mejilla con suavidad para tranquilizarle. Sabía que James era de fiar. Como secretario de mi padre debía hacer cosas más que cuestionables sin preguntar. Me conocía desde que era una niña, era como de la familia…
- No te preocupes, todo queda en familia.
- Si – Alexander sonrió – Todo queda en familia.
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V_Vendeta
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Sunday, January 20, 2008
Tuesday, October 09, 2007
Una vida perfecta
Bajó las escaleras despacio, deslizando la mano por la barandilla de las escaleras en un gesto elegante y estudiado para causar el máximo efecto. A Pansy le encantaba dejarse admirar.
Esta vez el objeto de su puesta en escena era Draco Malfoy. El joven delgado y rubio la estaba esperando recostado en el sillón con sus pies apoyados sobre la mesita de mármol. Tenía una copa de vino en la mano pese a ser aún temprano. Pansy se detuvo a mitad de las escaleras para asegurarse de que le prestaba atención mientras bajaba, no tenía sentido ponerse aquellos tacones de aguja si nadie lo notaba y sabía que, desde el sillón, había una vista perfecta de sus piernas. Cuando llegó hasta abajo aceptó graciosamente el cumplido de Draco.
- ¿Esto? - dijo señalando el vestido de seda - Es solo un trapo viejo.
Se colgó del brazo de Draco con una actitud entre mimosa y coqueta. Sus labios apenas rozaron los de Draco cuando comenzó a guiarlo hacia la puerta.
- ¿Nos vamos ya?
Draco no se movió y la miró de arriba a abajo, el pelo rubio le caía sobre los ojos y su expresión de perpetuo desdén se había borrado por un segundo para ser sustituida por una sonrisa depredadora mientras rodeaba a Pansy con sus brazos. sus manos descendieron hasta su trasero. Pansy tomó a Draco de las manos y se desembarazó de su abrazo. Luego hizo un mohín de decepción.
- Dijiste que iríamos. Además - Pansy pareció animarse repentinamente - será divertido escandalizarles.
Pansy esbozó una sonrisa pícara. Draco era el chico más atractivo de la escuela y la mayoría de las chicas le deseaban. Le encantaba sentir las miradas de envidia de las chicas cuando la veían con Draco. Pansy mordisqueó el labio inferior de Draco.
- Vamos, lo pasaremos bien - susurró.
Pero una vez allí se sintió decepcionada sin saber porqué. Draco estaba jugando al quiditch con sus amigotes. La zorra de Krum y la cínica de Lloyd habían ido detrás para babear tras los chicos, pero Pansy estaba por encima de esas cosas.
Terminó la copa de champagne y la arrojó sobre el césped antes de adentrarse en el jardín de rosas que había junto a la mansión de campo. Dio un par de vueltas antes de decidir que se aburría y que los tacones la estaban matando. Además, vista una rosa vistas todas.
Estaba a punto de resignarse a ver el quiditch cuando vio a la prima de Draco, Drew Blacksmith, escabullirse por la parte trasera de la casa. Pansy la miró intrigada, había visto gente que intentaba colarse en aquellas fiestas, normalmente perdedores que no aceptaban no estar a la altura, pero era la primera vez que veía alguien intentar escaparse.
Pansy se quitó los tacones, en parte para hacer menos ruido y en parte para dejar que sus pies descansasen un poco. Se ocultó tras un gran rosal y esperó a que Blacksmith pasase de largo. Cuando terminó de atravesar los jardines la siguió descalza. Un poco más allá de los rosales había un sendero que se adentraba en uno de esos laberintos de maleza y seto recortado con escondites para las parejas. Pansy conocía muy bien alguno de aquellos escondites, ya había estado antes con Draco. Sonrió, parecía que la mosquita muerta no era tan inocente. ¿Con quién habría quedado?
Blacksmith parecía saber a dónde iba y, ya dentro del laberinto, aceleró el paso. Pansy también acelero. Por un instante pensó que la había perdido. Entonces, al final de un pasadizo vegetal vio el cabello cobrizo de Blacksmith desaparecer tras un seto recortado con la forma de un caballo de ajedrez. Pansy corrió hasta allí y, nada más girar, se encontró con que el camino terminaba abruptamente en un arco de espinos que daba a un pequeño recodo con una fuente en el centro y un banco de piedra al fondo.
Blacksmith estaba sentada en el banco con un libro en el regazo. Típico ravenclaw, pensó Pansy frustrada. Se recompuso y caminó hasta la fuente. Se sentó al borde y metió los pies en el agua. Suspiró de satisfacción mientras estudiaba a Drew. Su cabello cobrizo le caía en tirabuzones sobre la espalda y sus rasgos delicados le recordaban remotamente a los de la madre de Draco. Pansy pensó que si se arreglase podría haberse considerado hermosa pero, por algún motivo que ella jamás entendería, insistía en vestir túnicas anchas y nada favorecedoras. Estaba claro que no sabía sacarse partido.
- Parece que te han dejado plantada – comentó casualmente.
Pansy estiró las piernas con los pies aún dentro de la fuente pero no apartó la mirada de Drew. La otra chica permaneció en silencio por un momento antes de responder. A Pansy le pareció que tenía una expresión calculadora, como si intentase decidir qué estrategia seguir.
- Quería estar sola – Dijo al fin mostrando su libro y tono cortante.
Era una respuesta creíble considerando como vestía, que era ravenclaw y todo eso, pero había algo que no terminaba de convencerla. Puede que fuese por el tiempo que había tardado en contestarla o puede que fuese por la manera en que la miraba ahora en lugar de continuar con su lectura pero Pansy no terminó de creerla.
- Vamos, vamos, si me dices quién es te ayudaré a vengarte – ofreció en tono amistoso.
Tenía curiosidad por saber qué hacía allí la chica. Eso y que cualquier cosa resultaba más entretenida que juntarse con Krum y Lloyd para ver el quiditch. Drew entrecerró los ojos y colocó un marca paginas en el libro.
- Creo que vi a Draco jugando al quiditch al otro lado de la casa. Dbe estar buscándote. – Respondió en un tono tan casual como el que ella había usado antes.
Tuvo que reconocer que la había subestimado, no solo acababa de recordarle que a ella también la habían dejado plantada y sugerirle que se marchase, sino que seguía sin revelar nada. Pansy sonrió, le encantaban los desafíos y no pensaba darse por vencida. Hizo un mohín y se levantó para ir a sentarse en el banco junto a ella.
- Parece que nos han dejado solas – dijo mientras apartaba un mechón de pelo de la cara de Drew con un dedo.
Estaba muy cerca, con su rodilla rozando la de ella. Drew se giró para mirarla y levantó una ceja. Pansy pensó que tenía los ojos bonitos y que le gustaba su perfume, estaba segura de que era caro. De pronto sentía cierta… curiosidad.
- ¿Qué podríamos hacer para entretenernos? – ronroneó.
Los ojos de Drew se abrieron por la sorpresa, aunque consiguió mantener algo de compostura. Pansy soltó una risita y agitó su cabellera oscura acercándose más. Drew miró hacia el arco de espinos, como si temiese que pudiese llegar alguien en cualquier momento. Luego cerró el libro.
- Creo que deberíamos volver, deben estar a punto de servir la comida y nos estarán buscando… - comenzó a decir.
- ¿Y quién va a buscarnos? – la cortó mientras ponía la manos sobre su rodilla.
Ella pareció dudar como si no estuviese segura de las intenciones de Pansy. Abrió la boca como si fuese a decir algo pero un segundo después volvió a cerrarla y se levantó.
- El… el secretario de mi padre debe estar buscándome.
Pansy la miró con incredulidad y ella carraspeó un poco.
- Mi padre es muy controlador – aclaró. A Pansy le sonó raro – Y Draco es posesivo – insistió.
Pansy se puso de pié con las manos en las caderas e hizo un gesto desdeñoso.
- ¿Draco? ¡Ja! Si se cree que puede tontear con Krum y que yo me quede quieta esta muy equivocado.
Drew se rió un poco pero no dijo nada, sino que se fue por el arco de espino y desapareció tras el seto con forma de caballo de ajedrez. Pansy se agachó a recoger sus sandalias. Luego limpió sus pies en la fuente y se calzó de nuevo.
Drew se había adelantado bastante. Pansy volvió a verla entre los rosales hablando con un hombre alto y moreno de unos treinta y tantos. No tuvo ocasión de acercase a escuchar porque se separaron poco después y cada uno se fue en una dirección distinta. Iba a seguir a Drew hasta la casa cuando escuchó la voz irritada de Draco a su espalda.
- ¿Dónde te habías metido?
Pansy se giró con una de sus características sonrisas y se lo encontró con la zorra de Krum, vestida de rosa pastel dos tallas más pequeño de lo necesario y colgada de su brazo mientras le reía las gracias. Consiguió mantener su sonrisa mediante pura voluntad y se acercó a ellos.
- Solo estaba paseando. Te eché de menos – dijo jugueteando con su pelo y adoptando una pose sugerente.
Draco sonrió con sus ojos fijos en ella, parecía haberse olvidado de Krum, aunque ella no parecía querer aceptarlo y seguía sujeta al brazo de Draco mientras le lanzaba miradas de odio.
- Ganamos el partido. – comentó Draco.
- Por supuesto, querido – Pansy se acercó a Draco y sujetó su cara para darle un beso lento y apasionado, era una forma de recordarle a Krum que estaba de más.
Draco parecía disfrutar de la competencia entre ellas dos y le ofreció su otro brazo pero no mandó a Krum a paseo. A diferencia de Krum, Pansy no se colgó del brazo de Draco, sino que se colocó a su lado apoyando solo su mano.
- Ya deben de haber servido la comida, deberíamos ir a coger sitio o puede que tengamos que sentarnos junto a algún indeseable – sus ojos se clavaron en Krum.
Draco se rió y Krum se removió inquieta, no estaba en su ambiente y lo sabía. Pansy sonrió triunfante mientras saludaba con una mano a Zabini, Nott y Swann. Luego miró maliciosamente a la perdedora de Krum.
- ¡Oh! No los conoces ¿Verdad? – comentó como si acabase de darse cuenta- Bueno, estoy segura de que encontrarás alguien con quien sentarte. Tal vez con la prima de Draco, aunque no, ella esta sola por voluntad propia no como tu…
Draco volvió a reírse y Pansy sonrió triunfante mientras iban a sentarse a una de las mesas que había junto a la piscina. Krum les siguió algo más rigida murmurando un intento de réplica que ella ignoró. No importaba cuanto se esforzase, aquella advenediza nunca sería más que una nueva rica carente de clase y la falta de dignidad con la que intentaba suplirla solo le serviría para que los chicos la usasen. Si, Pansy sabía que a Draco le apetecía echarle un revolcón pero también sabía que, a la larga, acabaría por aburrirse de Krum como había pasado con las otras y, entonces, volvería con ella. Lo que le molestaba no era que Draco se divirtiese un poco, ella también se divertía con otros cuando le convenía, lo que le molestaba era que lo hiciera en público.
Pansy cruzó sus largas piernas de forma sexy, su vestido de seda y sus tacones atraían todas las miradas, incluso aunque Krum intentase competir dejando que su falda se subiese. Seguro que no lleva bragas, pensó con desprecio. Cogió su copa y la alargó para que le sirviesen algo de vino. Krum extendió también su copa y la sonrió con cinismo mientras hablaba de banalidades que a Pansy no le interesaban en absoluto. Lo dejó estar hasta que Krum olvidó con quien trataba e intentó insultarla.
- Deberías moderarte con la comida, estas cogiendo peso, Pansy querida
Pansy se inclinó hacia delante ofreciendo una buena vista de su escote a Draco.
- Sólo en los sitios correctos, ¿No te parece cielo?
Pansy se pasó la lengua por los labios y sonrió insinuante. Draco le devolvió la sonrisa y la rodeó con sus brazos para besarla. Le dejó que disfrutase un poco antes de tirar la copa de vino sobre Krum como si fuese un accidente.
- ¡Será zorra! – chilló Krum.
La gente de las otras mesas se volvió a mirarla y a Pansy le pareció que incluso Drew la miraba con la compasión que se reserva para los retrasados. Pansy se llevo la mano a la boca como si estuviese arrepentida.
- ¡Oh! Lo siento querida, ha sido un accidente. Y es vino tinto, ¡que lástima! Aunque la verdad es que el vestido que llevas es algo viejo y se te esta quedando pequeño. Creo que deberías tirarlo y comprarte nuevos.
Escuchó varias risitas disimuladas por los alrededores que se callaron cuando Krum se volvió furiosa a mirarles. Krum se levantó para ir al baño a limpiarse bajo la mirada triunfante de Pansy.
Sin Krum el resto de la comida transcurrió como estaba previsto, pero por la tarde Draco volvió a desaparecer, probablemente para hacerle a Krum las cosas que Pansy no le dejaba. Con un poco de suerte la dejará preñada, pensó. Aunque no, era probable que solo la sodomizase. La idea le hizo sonreír con malicia, pero no pasó mucho tiempo antes de que volviese a sentirse aburrida.
Paseó junto al borde de la piscina con una copa de vino en la mano e ignorando las miradas lujuriosas de los chicos y envidiosas de las chicas. Conocía a la mayoría, pero ninguno le parecía lo suficiente interesante como para molestarse en dirigirle la palabra. E incluso aunque parte de ella pensase que debía equilibrar la balanza y buscarse un entretenimiento para pasar la tarde, a diferencia de Krum ella si tenía estándares.
Entonces la vio otra vez. Drew estaba apartada sentada a la sombra junto a la piscina y aún con aquella túnica larga nada apropiada. Poco a poco se fue formando una nueva sonrisa en la boca de Pansy, acababa de encontrar el modo de pasar la tarde.
Se acercó tranquilamente hasta dónde estaba Drew leyendo y cuando llegó hasta ella fingió tropezarse para derramar algo del vino en su túnica, quería ver lo que había debajo. La primera reacción de Drew fue apartar el libro y luego mirarla. La chica levantó una ceja.
- Debe ser un vino muy bueno –comentó intencionadamente – Ahora, si me disculpas, creo que tendré que cambiarme.
Pansy sonrió pese a la clara insinuación de que estaba borracha, las dos sabían que había sido intencionado, pero a diferencia de Kira Drew había escogido no montar una escena. Además, su plan iba según lo previsto.
- Puedo dejarte algo, tengo ropa arriba, en mi habitación. Draco y yo venimos aquí a menudo.
Drew estudió a Pansy durante unos segundos. Su expresión volvía a ser calculadora. Finalmente se levantó para ponerse a su altura y sonrió sin dejar de mirarla. Era una sonrisa amplia y, por un instante, le recordó a la de Draco.
- Es realmente amable de tu parte ofrecerte, aunque no es realmente necesario.
Pansy se acercó más a ella hasta que quedaron frente a frente y la tomó de la mano que no sostenía el libro.
- Insisto, ha sido culpa mía. Realmente es un buen vino. - Drew se rió un poco
- Es el único que merece la pena derramar – contestó.
Pansy sonrió, la conversación había tomado un giro inesperado aunque no desagradable. Empezaba ver cierto… parecido familiar, después de todo parecía que Drew sí hacía honor a su apellido… y antes de que cayese en desgracia, se decían muchas cosas interesantes de su hermano entre las chicas.
Pansy la guió hacia la parte de arriba de la mansión, a una de las alas poco frecuentadas donde estaba su habitación. Draco y ella tampoco pasaban tanto tiempo allí, pero la casa era lo suficientemente grande como para que pudiesen permitirse darle una habitación permanente. Y lo suficientemente grande como para que nadie las molestase.
Drew entró tras ella en la enorme habitación, aunque no tan grande como la de su casa. La habitación estaba decorada en verde, con una gran cama que rara vez usaba, un tocador con varios espejos y una terraza al fondo. Pansy cerró la puerta tras ella y comenzó a mirar en el armario mientras Drew se dirigía al baño.
- A mi padre va a encantarle, – comentó en tono irónico – siempre ha pensado que me sentaría mejor el verde.
Pansy se dio la vuelta y se quedó mirando como Drew se despojaba de la túnica para quedarse casi desnuda en un conjunto de lencería de encaje negro. Había dejado tirada la túnica en el mismo sitio que había caído. Después se sentó en uno de los sillones y se recostó con las piernas estiradas sobre uno de los brazos. Pansy dejó de mirar vestidos, no había prisa para que se vistiese.
- ¿No hay nada de mi talla? – preguntó en tono burlón
- Es que no estoy segura de tu talla – respondió Pansy acercándose – Creo que… necesitaría tomar medidas.
Drew se rió de nuevo echando la cabeza hacia detrás y su cabello desparramándose tras ella.

- Eso era lo que me temía.
- No te preocupes, - Pansy se sentó en el borde del mismo sofá en el que estaba Drew - encontraremos algo que vaya con lo que llevas puesto. Pansy se inclino sobre Drew - Me encanta la ropa interior cara. – ronroneó
- Yo también me he aficionado.
Las dos se quedaron mirando en silencio, plenamente conscientes de dónde rozaba la piel de una con la de la otra. Pansy incluso podía oler el perfume de Drew, un aroma sutil a lirio entremezclado con el olor a ella. Solo tenía que estirar la mano para poder acariciar su pelo cobrizo, su pecho, sus labios… pero seguía inmóvil por temor a que si hacía el gesto equivocado todo acabaría bruscamente.
Mientras Drew no apartaba sus ojos azul claro de ella, estudiándola con una mezcla de curiosidad y provocación. Pansy reconoció aquella actitud, era un juego al que ya había jugado antes, un desafío para ver hasta dónde estaba dispuesta a llegar. Se mordió levemente el labio inferior. Drew tenía la boca entreabierta, con sus labios jugosos en una sonrisa insolente.
Despacio, muy despacio, giró hasta estar sobre ella, con una mano a cada lado de su cuerpo y sus labios a solo unos centímetros de los de ella. Sus ojos pasaron de los ojos a los labios para regresar a los ojos. Pero Drew seguía mirándola, sin alterar su sonrisa confiada o hacerle una indicación para que siguiese.
Sin previo aviso, la besó. Ya no había vuelta atrás, si la apartaba ya no podría decir que estaba solo fingiendo. ¿O sí? ¿A quién iban a creer? Sus pensamientos se vieron interrumpidos cuando Drew respondió al beso con roces suaves de los labios, pequeños mordisquitos y caricias con la lengua. Sus dedos se hundieron en el pelo negro de Pansy acariciando su nuca mientras su otra mano rozaba la cintura por encima del vestido. Pansy podía sentir su cuerpo contra el suyo, su pecho subir y bajar cada vez que respiraba y aquel perfume caro que tanto le gustaba envolverla.
Casi como si tuviesen voluntad propia se encontró con que estaba acariciando un muslo de piel aterciopelada con una mano y la espalda desnuda con la otra. Pansy se detuvo bruscamente y se apartó. Drew la estudió por un momento. El pelo negro revuelto, el carmín ligeramente corrido y los ojos negros entrecerrados en una mirada suspicaz. Entonces, Drew esbozó la misma sonrisa provocativa y dijo lo que más deseaba oír Pansy.
- Nadie lo sabrá.
Pansy sonrió aliviada y volvió a besarla, esta vez buscando el interior de la boca con la lengua. Era probable que Drew sintiese la misma curiosidad que ella, se dijo, solo era eso, curiosidad. ¿No? Pero a medida que exploraba el cuerpo de Drew con sus manos, su boca y sus ojos, se sentía cada vez más excitada. Ya no era curiosidad, era también deseo.
Y placer. Un placer tan intenso que hizo que perdiese todo pudor. Cuando Pansy quiso darse cuenta, su vestido de seda verde estaba descartado sobre el sillón, su ropa interior estaba tirada en el suelo y ella yacía desnuda y jadeante sobre la cama deshecha.
Pansy colocó la almohada contra la pared y se quedó sentada en la cama con su espalda apoyada en la almohada y sonrisa satisfecha. Drew había dejado la puerta del baño abierta mientras se duchaba. Pansy la observó desde la cama, como se enjabonaba, el agua resbalar por su espalda y los ligeros gemidos de placer que hacía. Sin apartar los ojos de ella, Pansy comenzó a acariciarse sorprendida por la facilidad con que había vuelto a excitarse.
Lentamente, deslizó su dedo corazón en su sexo mientras que con la otra mano se acariciaba los pezones. Drew salió de la ducha y comenzó a secarse despacio, exhibiéndose. Y mientras lo hacía, la miraba con la misma sonrisa provocativa que le había dedicado antes. Pansy introdujo otro dedo más. Cerró los ojos acelerando el ritmo con que sus dedos entraban y salían. Y entonces sintió la mano de Drew sobre la suya, guiándola, mientras la besaba. Pansy emitió unos gemidos ahogados, estaba al borde del orgasmo. Drew añadió un dedo a los dos suyos y Pansy sintió su cuerpo contraerse en espasmos de placer.
Drew la besó una vez más con suavidad. Pansy abrió los ojos y Drew sonrió antes de llevarse los dos dedos de Pansy a la boca y lamerlo lascivamente. Cuando terminó se apartó de ella y se levantó.
- Será mejor que me vista, deben estarse preguntando dónde estamos.
El comentario le recordó a cuando la había visto aquella mañana salir a escondidas de la casa para adentrarse en el laberinto. De nuevo Drew parecía preocupada por quien pudiese descubrirlas.
- ¿Con quién habías quedado? – soltó de sopetón.
Drew recogió su ropa interior y se volvió para mirarla con una sonrisa insolente.
- ¿Acaso te pregunto yo con quién esta Draco? No hagas preguntas que no voy a responder.
Pansy hizo una mueca de frustración, todos sabían con quién estaba y lo que estaba haciendo, aunque jamás entendería que interés podía tener Draco en el culo celulítico de Kira.
- Kira es una perdedora.
Drew asintió como si considerase el comentario mientras se ponía las bragas.
- Es incapaz de negarle nada a Draco, pero eso hará que se canse pronto. Igual que con las otras.
Pansy se dio la vuelta y se tumbó boca abajo, con la cabeza apoyada sobre los brazos y expresión pensativa.
- Supongo, pero es molesta. Ni siquiera sabe guardar las apariencias.
Drew se giró mientras se abrochaba el sujetador y la miró con la cabeza inclinada y las pestañas bajas desde el sillón.
- Si, parece que nadie le haya enseñado discreción… o etiqueta. – Se encogió de hombros – Como todos los nuevos ricos.
Pansy se rió sabía perfectamente a lo que se refería. No bastaba tener dinero, también había que tener clase y eso era algo que Krum jamás tendría. Lo que Pansy no entendía era porqué Drew, que si pertenecía a una buena familia y sabía cómo comportarse no lo hacía. O por qué vestía con ropa conservadora y no se arreglaba, con lo sexy que resultaba en ropa interior… Entonces Pansy recordó la excusa con que la había traído.
- Al final no te hemos buscado un vestido – dijo incorporándose sobre los antebrazos.
Drew esbozó una sonrisa maliciosa.
- No importa, ya he encontrado uno. – respondió mientras cogía el vestido de seda verde.
Pansy levantó el cuerpo y se quedó sentaba al borde de la cama. Todos la habían visto con ese vestido. Abrió la boca para protestar pero Drew ya se lo estaba poniendo. El vestido de seda le caía con gracia formando pliegues en todos los sitios correctos, igual que cuando lo había llevado Pansy. Llevar ese vestido era una provocación y eso hizo que sonriese.
- Te sienta bien el verde. – sus ojos negros relucieron y su expresión era calculadora – Deberías vestirlo más a menudo, encajarías.
- Es… - Drew parecía considerar sus palabras – una oferta generosa, pero prefiero no llamar la atención.
Pansy hizo un mohín de decepción pero no preguntó más, sabía que no respondería. Drew se levantó, fue hasta el tocador y se sentó de espaldas a Pansy para peinarse.
- Entonces… - Pansy dudó cómo plantearlo - ¿querrás que te devuelva el vestido?
Drew miró el reflejo de Pansy en el espejo sin dejar de peinarse.
- No merece la pena, ya compraré otro.
Era una respuesta previsible, pero Pansy no pudo ocultar su decepción y se dejó caer de espaldas sobre la cama. Drew la miró de reojo mientras dejaba el peine sobre la mesa.
- Creo que me he dejado mi libro por alguna parte – comentó mientras se levantaba para irse.
Pansy la miró aún algo molesta, todavía pretendería que la ayudase a buscarlo. Esto es típico ravenclaw, pensó. Pero Drew estaba ya junto a la puerta.
- Te agradecería que me lo devolvieses si lo encuentras – añadió antes de salir.
Pansy la miró cerrar la puerta y se quedó tumbada en la cama, no convenía que las viesen juntas. Más tarde, después de ducharse y vestirse, encontró el libro sobre el tocador.
- Si, seguro que me agradece que se lo lleve a casa. - Pansy se rió un poco y guardó el libro en su bolso. – Condenada ravenclaw.
Pero una cosa era cierta, era una excusa más creíble en el hipotético caso de que alguien las encontrase. Estaba bajando las escaleras cuando se encontró con Draco, tenía el pelo rubio algo revuelto y la ropa arrugada.
- ¿Qué hacías arriba? ¿Por qué te has cambiado de vestido? – preguntó con tono irritado – Te he estado buscando.
Pansy sonrió levemente y apartó un mechón de cabello azabache.
- Hacía calor. Me apetecía darme una ducha y cambiarme de ropa. - la mentira salió con facilidad de sus labios.
Draco la miró con suspicacia pero aceptó su respuesta y le ofreció el brazo.
- Vamos fuera, se está más fresco.
Pansy le cogió del brazo y tampoco dijo nada de su aspecto, ni preguntó dónde estaba Krum. Y justo en ese momento la vio, con su vestido verde de seda. Fue sólo un instante antes de que el mismo hombre alto y moreno con el que la había visto hablar entre los rosales pusiese el brazo sobre sus hombros y desapareciesen.
- ¿No era ese tu vestido? – preguntó Draco alzando una ceja.
Pansy tardó un segundo más de la cuenta antes de decidir que lo mejor era reconocerlo.
- Pensé que a tu prima le vendrían bien unos consejos de belleza.
Draco la estudió unos momentos antes de volver a sonreír con su confianza habitual.
- Le queda bien, pero no tanto como a ti – respondió de modo zalamero.
Pansy le besó y sonrió. Si, definitivamente tenía el novio perfecto y una vida perfecta.
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V_Vendeta
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